Con una puesta en escena que oscila entre la indignación selectiva y el oportunismo de manual, salió a rasgarse las vestiduras por el diferendo prácticamente superado entre el Instituto de Seguros de Jujuy y sus prestadores, protagonizando escenas enternecedoras que casi nos llevan a ignorar que su repentina preocupación por el bienestar de los afiliados tiene la profundidad de un charco.
Con una soltura envidiable y una facilidad modelo para mirar hacia otro lado, el diputado advierte sobre una supuesta “malversación de fondos públicos”, pero lo curioso es su puntería, porque parece disparar al aire para no darle a nada que tenga cerca. Quizás, en un rapto de honestidad brutal, Ballesty se estaba refiriendo a las creativas maniobras de Manuel Quintar en la delegación local del PAMI. O tal vez, quién sabe, su subconsciente lo traicionó pensando en las estafas de la criptomoneda Libra o en los ruidos de pasillo sobre las coimas que salpican el entorno de “El Jefe”, Karina Milei, o la visión inmobiliaria y financiera sin par de Manuel Adorni o los créditos millonarios otorgados por el Banco Nación a funcionarios y legisladores de las fuerzas del cielo.
En una nueva demostración de que al universo libertario le resulta más cómodo denunciar fantasmas que explicar por qué los jubilados del PAMI se encuentran hoy en un estado de abandono absoluto, privados de servicios que, literalmente, separan la vida de la muerte.
Lo de Ballesty es una clase magistral de doble vara. Mientras se deshace en advertencias sobre las prestaciones de salud a empleados públicos provinciales, parece haber sufrido una amnesia selectiva respecto a la motosierra nacional que tanto aplaude en sus redes. Repasemos: Plan Remediar, eliminado. Programas para enfermos crónicos, desmantelados. Pacientes oncológicos, en banda.
Al final del día, lo de Ballesty no es preocupación social, es marketing del conflicto, porque en el mundo de LLA parece que la coherencia es lo único que lograron reducir a cero.